dicen que la realidad supera a la ficción, y en muchos casos es así. Es inevitable la relación entre realidad y artificio, puesto que el arte expresa y representa aspectos de lo real, de la vida cotidiana. A diario encontramos en muchos rincones de nuestro paso por el mundo momentos de vida, detalles que experimentamos como realidades de una ficción que es ajena a nosotros, pero que sin embargo hacemos propia.
No solamente los museos o las instituciones dedicadas a ser lugares de referencia respecto del mundo del arte albergan manifestaciones de este tipo. La misma calle, el trabajo, una reunión entre amigos, por doquier nos topamos con el arte. Como la visión del arte de Beuys todo hombre es artista, el arte se difumina con la vida.
Pero, ¿dónde están los límites? porque esta confusión aparente no identifica por completo ambas dimensiones de la existencia. Estableciendo que son patentes una serie de convenciones que diferencian arte y vida; el arte está creado para expresar y generar emociones y sentimientos, al modo clásico de lo bello y lo sublime y al modo contemporáneo de entender el arte como lo feo y bizarro, pues la violencia, la tristeza, el enfado son sensaciones humanas que también están presentes en nuestro mundo y que nos hacen ser lo que somos; me atrevería a confirmar que nos
hacen más humanos y nos aportan más estos sentimientos, que en principio son rechazados, y han sido rechazados a lo largo de la historia del hombre, curiosamente ligados al desarrollo científico y tecnológico se han ido separando los sentimientos bellos, tales como la felicidad, el orden y la proporción, tan valorados antaño, y han sido cambiados por todo el amplio abanico de emociones humanas que nos tocan, nos ponen contra las cuerdas y nos invitan a reflexionar en mayor medida.
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